La Canción de Dorian

Autor: Gabriel Vera Baeza

“La Canción de Dorian” es una novela corta escrita bajo la forma de prosa poética, es un trabajo que relata instantes de vida, muchos momentos eternizados por un pensamiento acucioso que se empeña en divagar y transmitir al lector al mismo tiempo un conjunto de sentimientos propios del autor. Dichos sentimientos van desde lo abigarradamente desolador, hasta lo sublime traducido en formas del lenguaje muy estrictas pero apasionantes.



Si algo hay que decir de este libro, es que es un volumen que lo odias lo mismo que lo amas conforme avanzas en su lectura; puede parecer infame su propuesta inicial, pero conforme te vas adentrando en sus páginas, te vuelves generoso con él, porque él es generoso contigo.

La lluvia, la reencarnación, el alma, y la mirada de un gato, son las bases sobre las que se funda una prosa que, al emplear la poesía como hilo conductor para expresar las angustias y desavenencias del protagonista, nos transportan sin darnos cuenta a situaciones muy vívidas, a ambientes muy reconocibles precisamente porque son lugares comunes de nuestra época y nada complejos.

Es menester decir que el libro toma su nombre de un gato, Dorian; éste es un personaje que lo mismo sirve de referente al narrador que también se convierte en un artilugio a través del cual se pueden observar la vida de otros y la de uno mismo. Es como si pudiéramos separarnos de nuestro cuerpo y observarnos desde una distancia prudente y sin juicios, ni prejuicios, sólo observando lo que nos pasa.

Así es la canción de Dorian, un libro que, independientemente de que estés o no de acuerdo con el autor, te da la oportunidad de discutir con él en silencio, de insultarlo de rebatirle, de mofarte, de agradecerle, de opinar… y todo ello se puede por una sencilla razón, te transporta a su universo, un universo marchito, endeble, lleno de amargura, pero también de sueños fantásticos, irracionales e inimaginables.

La sucesión de esta historia en la que empieza con agua de lluvia y termina con ella, es la transmutación de un protagonista que tiene varias caras así como varios nombres, parecieran personajes distintos, pero al final uno cae en cuenta que es la misma alma quien habla y expresa a través de varias vidas entrelazadas, su propio sino.

Por otra parte, este libro tiene una deuda muy grande con los filósofos existencialistas, especialmente con el danés Sören Kierkegaard y con el francés Jean Paul Sartre, quienes a través de sus novelas nos detenían el tiempo, llevándonos de modo inexorable a reflexiones casi angustiantes sobre el sentido del ser.

Gabriel Vera Baeza, autor de este libro, le debe mucho a nuestro querido Gabo, Gabriel García Márquez, ello por emplear sus trucos para jalar al lector a ambientes que sólo con una descripción detallada pero con un lenguaje que acaricia, nos sume en pensamientos vagos, nos adentra a una atmósfera llena de dudas, pero contundente en términos de claridad acerca de las cosas que les pasan a las personas comunes y corrientes. También, la lectura nos remite a autores tan célebres como el irlandés James Joyce con su novela “Ulises”, aquella en donde un día de la vida del protagonista Llamado Leopold Bloom, es contada a detalle en 267 mil palabras y casi mil páginas de texto. Por supuesto que esta novela de 85 páginas no tiene tal ambición, pero sabemos que le gustaría enormemente tenerla.







El sexo, los celos, el desencanto, la falta de fe y sobre todo la esperanza fundada en el amor, son las rueditas de esta bicicleta literaria que camina así, como que se cae pero no, porque tiene esos seguros que identifican al autor con su audiencia: es un humano hablándole a otros humanos como él.

A través de sus cinco capítulos, Gabriel Vera realiza un ejercicio catártico, se enoja, se enciende, se llena de pasión, se quiere morir, pero al final se resigna y entiende que la finalidad de esta vida es estar en paz consigo mismo al tiempo que -según nos cuenta el autor- realizamos una encomienda divina: vivir para un propósito, aquel que sólo descubrimos al conocer nuestro talento y que, según nos dice Gabriel, es nuestro sino, nuestro destino.



Somos lo que leemos, Gabriel vera es un buen escritor debido a que es un gran lector, solo así se entiende su empeño casi necio en comunicar su pensamiento a través de libros como “La Canción de Dorian”…





José Manuel Miranda

Chalco, México 4 de abril 2011